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Virgen del Cerro

María Livia, un ama de casa que en 1990 dijo que la Virgen se le apareció para dejar un mensaje.

A partir de allí ella sana a los que por FE llegan al santurio por su divina intersección. Miles de personas viajan a Salta para encontrarse con ella.

Peregrinos, fieles llegan todos los sábados desde distintos puntos del país dejando a la provincia excelentes dividendos en esto que ya puede decirse es la mayor actividad de Etnoturismo Religioso de la norteña provincia. Todo sucede en la cima de un cerro ubicado en el Barrio Tres Cerritos de la capital salteña. Cientos de miles de peregrinos llegan todos los sábados a Salta para subir el cerro y rezar el rosario junto a Maria Livia.

Jóvenes y adultos, ancianos y niños, sanos y enfermos reciben la dosis de sanación y esperanza que sus almas necesitan. Se trata de la Inmaculada Madre del Divino Corazón Eucarístico de Jesús, la imagen de la Virgen que se manifestó por primera vez en 1990 a María Livia Galliano de Obeid, una amada de casa de unos 47 años, madre de tres hijos, y produjo en ella un cambio profundo en su corazón.
María Livia siente una fuerza que la pone de rodillas, el alma se eleva con una fuerza que la obliga a levantar su cabeza, y allí en medio de una inmensa luz, unajoven con un vestido blanco purísimo, un rostro inolvidable y un manto azul con destellos verdosos, cubre su cabeza con un velo blanco y se presenta como “Madre de Dios”. A partir de entonces, entre ellas se suceden diálogos íntimos, llenos de amor y calidez, en absoluta discreción.

La Virgen la instruye, le confía secretos y le hace pedidos expresos.
Hasta que en 1995 María Livia lleva un mensaje al Monasterio San Bernardo de Carmelitas Descalzas de Salta y toda la Comunidad la adopta espiritualmente.
En marzo de 2000 la Virgen le solicita construir un santuario elevado, y así, luego de obtener el permiso adecuado, con ayuda de peregrinos y servidores, comenzó la impecable obra en el cerro, ubicado en el barrio Tres Cerritos, que consiste en una pequeña y hermosa Ermita con su imagen, y un enorme y austero escenario donde María Livia realiza las oraciones de intersección y ocurren maravillas en las vidas de los fieles, en medio de un paisaje inmejorable.

Fé y milagros

El fenómeno salteño fue tomando cuerpo, testimonio tras testimonio y adquirió mayor impulso a través de su mención en el libro Bendita tú Eres, de Víctor Sueiro. Muchas fueron las personas que al leer esas páginas se enteraron por primera vez de lo que sucedía en la capital de esta hermosa provincia y no pocas se animaron a vivirlo personalmente.
La esperanza de detener o hacer desaparecer una enfermedad incurable, la ilusión de vivenciar un cambio profundo en sus vidas, pedidos de paz, amor, perdón; expresiones de gratitud y entrega absoluta al amor de Dios y su Madre, son los motivos recurrentes de los creyentes que se acercan al santuario desde distintos puntos del país. La experiencia para quienes se animen a esta peregrinación es intensa y vale la pena. La organización de los servidores de la Virgen es digna de reconocimiento. En todo momento asisten, guían y contienen a los visitantes. Hay puestos de primeros auxilios, se suministra agua y estampas en forma gratuita. Maria Livia es el centro de atención. Todos los sábados, a las 12 en punto, ingresa al centro del cerro, secundada por los servidores de la Virgen y por su esposo, quien filma todos los encuentros. Se la ve tranquila, con una paz difícil de transmitir. Piel blanca, pelo negro recogido, pollera gris, camisa blanca y la misma entrega desde el primero hasta el último de los peregrinos. Su presencia indica el comienzo de un rosario multitudinario, acompañado por el cantar de los pájaros que pareciera que en ese momento se hiciera especial. Al finalizar, como broche de oro, un emotivo coro se convierte en la antesala de la Oración de Intercesión, durante la cual María Livia toca suavemente el hombro de los peregrinos, que llevan fotos, rosarios, ropa, cartas y objetos personales de ellos y sus seres queridos. Muchos de ellos caen al piso, asistidos por los servidores, otros se emocionan, lloran, se arrodillan, sienten aroma a rosas, ven girar el sol y vivencian emociones tan fuertes como placenteras. Desde ese momento, los testimonios cuentan que un cambio interior profundo se empieza a gestar en la vida de quienes se han entregado con fe y no son pocas las historias de sanaciones y milagros que se le atribuyen.
Todos se van con una paz interior indescriptible, con ganas de transmitir lo vivido y poder volver.

Imágenes

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